A algunos kilómetros al sur de la Pirámide de Keops, Pietro ha hecho un hallazgo que pocos considerarán importante pero que para él es grandioso.

A través de un pequeño túnel ha podido llegar a una edificación sencilla de piedra que contiene dos habitaciones y que podría ser alguna tumba primitiva pero que carece de cuerpos momificados o de algún objeto que denote su antigüedad.

Ni siquiera algún jeroglífico se encuentra en las paredes, por lo que además de extraño lo hace de dudosa antigüedad.

Sus colaboradores opinan que tal vez sea un refugio de la segunda guerra mundial, pero Pietro está convencido que es una edificación anterior a las dinastías egipcias.

Es lo que su instinto de arqueólogo le dice.

Pasado algunos días de excavación una tercera habitación redonda de solo medio metro de diámetro y de aproximadamente 3 metros de alto, situada debajo de la segunda hace cambiar de idea a todos, ya que la misma tiene características particulares, la más importante el hecho que posee una forma no convencional, en segundo lugar el que sus paredes están repletas de jeroglíficos en nada parecido a los egipcios, son una especie de alfabeto con predominación de extraños trazos parecido a números y en el centro de la misma una barra cuadrada de un material transparente que la divide.

Como de costumbre es Pietro quien primero entra a ella, auxiliado por una escalera.

Va tocando con su mano los dibujos notando que no hay hendiduras en la piedra, por lo que parece que más que tallados están pintados sobre la roca con algún tipo de tinta desconocida.

De repente la barra se torna de un color verdoso y luminoso, hecho que asusta a todos pero que acelera la adrenalina del arqueólogo, quien instintivamente la toca y recibe una descarga que sin ser eléctrica lo paraliza y por instante lo hace cerrar los ojos sin perder el conocimiento.

Una sensación de hormigueo recorre todo su cuerpo y cuando esta acaba abre los ojos y asombrado se da cuenta que se encuentra en otro lugar, similar pero diferente ya que este es más amplio, no es redondo ni posee la barra que provocó su traslado, además posee un pasillo a otra habitación.

“¿Estoy soñando?”

Es su primer pensamiento.

Camina por el pasillo y puede notar que algunas cabezas esqueléticas humanas están en la habitación.

Cuenta 8 y eso le señala que no es el primer visitante.

Sin dudas ha sido teletransportado a algún lugar desconocido del planeta, que para su mala suerte también está enterrado bajo metros de arena, por lo que será su tumba ya que no hay forma de salir de allí.

Elucubra que en otros tiempos lejanos había otros cuartos redondos para regresar o ir a otro lado y que tal vez esa sea la causa que tantas culturas terrestres tengan mucho en común.

Su descubrimiento es el más importante de la historia pero nadie lo conocerá.

Paradojas de la vida.

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