Mi recuerdo como niño

Dice el refrán venezolano “Si Dios no le da hijos, el Diablo le da sobrinos”. En mi caso, por decisión propia no tengo hijos pero si nueve sobrinos y cuatro postizos, todos lindos como su tío como siempre digo…pero también, en mi caminar como CONSTRUCTOR DE PAZ he tenido todos los niños y las niñas del mundo como dice la canción de Soledad Bravo; ellos han sido mi mayor preocupación como persona para construir un mundo mejor, de paz y justicia pero también, ellos me han dado las mayores satisfacciones en mi vida. Fui un niño con una infancia tranquila, siendo el mayor de mis hermanos y hermanas, en una familia linda, humilde pero unida siempre. Pasé mis días de niño entre Mérida y Guanare, donde mi abuela en mis vacaciones; tenía mis juguetes, mis sueños y mis travesuras; fui tímido, precavido y alegre…tuve mi mundo infantil feliz: íbamos al parque, de vacaciones, a comer helados, a los paseos familiares, a los columpios, comer golosinas. Mis padres desde niño nos guiaron entre las buenas normas éticas y urbanidad, entre la solidaridad por el otro y el amor por las cosas sencillas; entre el ejemplo de mi padre al trabajo y la dedicación al hogar de mi mamá…así fui creciendo en relación a otros niños y niñas. Simplemente, recuerdo mi infancia con alegría, mucho amor y cuidados.

Los niños de mi barrio

Al mudarnos por los años 1974, a Los Curos en la Parroquia Civil Osuna Rodríguez (Mérida, Venezuela) un sector grande y con muchas comunidades populares que fueron germinando en el transcurrir de los tiempos; fueron germinando también, los niños y las niñas. Muchos de ellos, con peores condiciones de marginalidad, abandono socio-afectivos, con constantes amenazas sociales como las drogas, la delincuencia, el abuso sexual, entre otros; a muchos de ellos, le robaron esa infancia feliz que yo tuve. Los niños de mi barrio, como dice la canción, confieso que soy pésimo para recordar los nombres de los cantautores, solo me llegan pocas melodías y sus letras; en muchas de esas comunidades como Negro Primero, El Entrablito o Ciudad Perdida con ojos tristes pero con sonrisas de esperanza, ambulaban por las veredas o calles sin ilusiones de vida; con la pesadez de sus padres a cuestas o regresaban a unos hogares que nada tienen de ser refugio de amor. En mis momentos en el Movimiento Juvenil ANCLA de la Iglesia Corazón de María con la palabra viva de Cristo pero viéndolo en el hermano; en los niños y las niñas he visto la cara de Cristo. Así despertó en mi ser, la necesidad de hacer algo por los niños y las niñas de mi barrio, por los niños y las niñas del mundo y de Venezuela no solo de palabras sino en hechos. Los mayores sobre todo, los que tienen la responsabilidad de protegerlos, dicen que son la esperanza y futuro del mundo; para mí, son parte de mi opción de vida; la razón de ser como CONSTRUCTOR DE PAZ.

Llevar la Paz con mirada infantil

En mi labor juvenil en la Iglesia, promoví acciones diversas para atender a los niños y las niñas de mi barrio como tardes infantiles, trabajo sabatinos con niños y niñas, visita a piso infantil del hospital de Mérida o a los albergues para llevarle alegría; quería junto con otros compañeros darle esa infancia alegre y bella que tuve en mis años de niño. Luego, con la Cátedra de la Paz y Derechos Humanos Mons. Oscar A. Romero de la Universidad de Los Andes desde el inicio decidimos dedicarlos a trabajar la Cultura de Paz para los niños y las niñas desde un enfoque de sus Derechos Humanos. Me he dedicado en más de 30 años a trabajar por los niños y las niñas desde Los Curos, llevando la Paz con una mirada infantil no solo en cuestiones asistenciales como salud en jornadas de vacunación y alimentación como meriendas colectivas para ellos/as sino en la formación permanente de sus Derechos Humanos y Cultura de Paz en escuelas y preescolares desde Cátedra de la Paz en proyectos como “Una Clase para la Paz” y/o “Grupo Infantil por la Paz” pero también con un trabajo arduo en las comunidades populares de Mérida desde “la Asamblea de los Derechos del Niño” e incidiendo en las políticas públicas de la infancia como siendo parte del movimiento nacional que apoyamos y logramos por la Participación Ciudadana la LOPNA (Ley Orgánica de Protección del Niño y Adolescente) de haberme caminado toda Venezuela como Consultor Formativo de UNICEF-Venezuela para promover la Convención Internacional de los Derechos del Niño (1990 a 1995) y todo lo que aprendí en la CONGANI (Coordinadora Nacional de Ongs de Atención al Niño) en los años 1990 a 2000, entre otras acciones permanente en mi municipio a favor de los niños y las niñas; no solo los niños y las niñas de mi barrio sino de todo el Estado Mérida, en mi labor como CONSTRUCTOR DE PAZ.

Que me han dado los niños y las niñas

Escribiendo este artículo, me llene de recuerdos de todo lo que he aprendido de los niños y las niñas. Recuerdo niños y niñas menores de 6 años que estaban en diversos grados desnutrición en los Multihogares de Cuidados Diarios que desde Cátedra de la Paz se gerencia por diez años; en la dedicación de esas mujeres de paz que acompañaron mi sueño de atenderlos en esos multihogares que con amor y cariño superaron la desnutrición ante la mirada pasiva de sus padres. Otros, que en sus hogares fueron maltratados o con fuertes castigos físicos; inclusos con abusos sexuales, ver en sus rostros el dolor y la maldad de algunos adultos hacia esos niños o niñas marcan profundamente el alma pero como en la vida, no todo es malo; también he tenido bellos recuerdos de los niños y las niñas que he tenido la oportunidad de aprender de ellos…sus rostros de alegría, el gesto de compartirme algo, de sus expresiones y palabras a sus padres en la calle de que era yo quien los atendía en tal actividad, como si fuese su héroe; las palabras de muchos de esos niños y niñas que siendo ya jóvenes o adultos recordaban sus vivencias y aprendizajes así como sus travesuras en tal o cual actividad que coordine o participe con otros/as. Por treinta años, me alegra mucho haber podido gerenciar los planes vacacionales en Los Curos desde Cátedra de la Paz, cada año 150 niños y niñas de 5 a 12 años pasaban sus vacaciones con nosotros e italianos que desde el año 2000 venían a ayudarnos en esos encuentros de vacaciones creativas; de verdad, había que ser muy creativos para buscar los recursos económicos y humanos para atender a 150 niños y niñas de Los Curos en un mes. En ellos, verles la alegría de los paseos al Parque la Isla, del compartir con otros/s niños/as en los juegos y dinámicas, al recibir las meriendas no tiene precio alguno. Me complacer haber visto tres generaciones de niños y niñas que estuvieron en los primeros diez años de esos planes vacacionales que pude participar; luego ver sus hijos e hijas en el plan para terminar en muchos casos, ver a los nietos de los niños y las niñas que atendí en los primeros diez años de hacer planes vacacionales bajo el lema “Juguemos por la Paz” En fin, son muchas las alegrías y aprendizajes que he tenido de mi trabajo a favor de los niños y las niñas; así como la permanente necesidad de seguir formándome y actualizándome en los temas de la infancia en estos momentos de contextos de Emergencia Humanitaria Compleja que vivimos en Venezuela…sigo dando mi granito a la solución de la infancia, sigo buscando a otros/as para que se una colaborando y/o donando para seguir trabajando por los niños y las niñas de vida…

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